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Cupido, imagen presente en la historia del arte universal

vyec2ee140212-photo01 456_336Cupido es la tierna figura de un adolescente alado, en muchas ocasiones representado por un niño, a veces con los ojos vendados, armado con arco y las flechas con las que hiere los corazones de los enamorados. Es infantil porque, debido a su inocencia, muchas veces se equivoca al lanzar las flechas de amor y las clava en corazones que sufrirán la amargura de la incomprensión. 

En la Antigua Grecia, Cupido era conocido como Eros, hijo de Afrodita, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad, que quedó embarazada tras ser poseída por la espuma del mar. Afrodita dio a luz gemelos: Eros, dios del amor, e Himeneo, dios de la lujuria y el deseo sexual. Junto a Potos, dios del anhelo del amor, los tres forman los Erotes, que en la mitología griega simbolizaban los tres componentes básicos en los que se fundamenta una relación: amor (Eros), deseo (Himeneo) y compromiso (Potos). 

Miguel Ángel Elvira Barba, catedrático de Historia del Arte Antiguo de la Facultad de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, explica que, en el Arte, a los Cupidos de las distintas épocas les separa “únicamente las diferencias psicológicas que se hayan podido utilizar en las distintas culturas sobre el concepto de amor, pero, por lo demás, es siempre igual”. 

A veces nos encontramos que a la figura representativa de ese ser alado, mensajero de amor, se le denomina Eros, y Elvira Barba precisa que: “Eros quiere decir amor y Cupido es la palabra latina para designarlo. El origen de la palabra latina ‘cupido’ es femenino y quiere decir pasión. Los romanos, curiosamente, no tenían ningún dios del amor, pero cuando vieron que los griegos tenían uno que se llamaba Eros, ellos lo tradujeron por la palabra cupido que, aunque era femenina, la pasaron al masculino. Sin embargo, en su origen fue una figura griega que se impuso a todas las culturas influidas por ella”.

También es frecuente encontrarnos con Cupido como un ser de sexo ambiguo, acompañado por otro adolescente, como es el caso de la escultura de George Rennie Cupido soplando la antorcha de Himeneo para reencender su llama, en el que los dos adolescentes se abrazan con intención erótica. 

El especialista en Historia del Arte indica a este propósito que: “Los griegos eran notablemente dados a los amores de todo tipo de sexo y eso influye en la idea de Cupido. Hay que tener en cuenta que la primera persona que nos describe a Cupido y lo hace como un jovencito con alas y sus demás atributos es la poetisa Safo (nacida seis siglos antes de Cristo), que vivía en la isla de Lesbos y dio nombre al lesbianismo”. 

“Lógicamente –continúa el profesor–, la imagen que nos da Safo tenía que ir teñida por su propia tendencia sexual y hay que tener en cuenta que, para un griego, el amor normalmente era concebido, con todo su carácter espiritual, como homosexual. Platón, cuando habla del amor platónico, lo hace del amor homosexual. Para los griegos, el heterosexual es una relación de sexos cuyo objetivo es la procreación y que no tiene la menor importancia desde un punto de vista psicológico”.

Eros, en la Grecia Clásica, es una figura de adolescente porque el amor típicamente griego es un amor de hombres mayores con adolescentes. “Nosotros lo tacharíamos de pedofilia, pero para ellos era lo normal. Por eso muchas de las figuras clásicas de Eros son jóvenes de 13 o 14 años, como el ‘Cupido Vencedor’, de Caravaggio, que está representado por un adolescente y que hace pensar que, posiblemente, el personaje que lo encargara tuviera esa inclinación”, anota el especialista.

Entre los papeles asignados en el Arte a Cupido hay uno recurrente, entre los siglos XVIII y XIX, que es el que aparece como un pequeño ángel sujetando un espejo, con la intención de que su madre, Venus, se pueda ver reflejada en él. Acerca de esta representación, Elvira Barba señala que, “la idea de mirarse al espejo siempre se ha considerado en la cultura moderna, es decir Renacimiento y Barroco, como símbolo de vanidad. Pero Cupido se lo enseña a su madre, Venus, que es la diosa del Amor, que siente amor por sí misma y se recrea en su propia belleza, y que Cupido la hace resaltar multiplicándola a través del espejo”.