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Centro ayuda a la rehabilitación de fauna marina en Manabí

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Completamente deshidratada, con fallos renales y hepáticos llegó un lobo marino hembra al Centro de Rehabilitación de Fauna Marina del Parque Nacional Machalilla (CRFM), en Puerto López, Manabí. Debido a su grave estado de salud se le realizaron exámenes de sangre. Los resultados fueron preocupantes, el animal tenía leptospirosis, una enfermedad inusual en la especie.

El personal médico detectó algo extraño en su estómago y se decidió llevarlo al hospital público de Jipijapa para tomar radiografías y lo que encontraron fue más grave: tenía un trapo de tela envuelto en una funda que taponaba el intestino.

Luego de estabilizarlo lo operaron y al siguiente día comenzó el proceso de recuperación. A la semana ya podía comer, fue llamada Tigaena y en dos meses fue liberada en la parroquia manabita de Salango.

Este fue uno de los primeros casos que atendió el centro de recuperación de especies que se inició, en 2013, para investigar las causas de varamiento y mortalidad de fauna marina en las costas de Ecuador.

Rubén Alemán, veterinario, guardaparques y director del CRFM, cuenta que gracias a la ayuda de amigos pudo iniciar el proyecto. “Comencé a rehabilitar animales en tanques pequeños, la gente me llamaba cuando veían especies varadas en las playas y los llevaba a mi consultorio, pero necesitaba más espacio. Entonces una amiga, a quien le ayudé con la salud de su perro y que es dueña del hotel Punta Piedrero, me prestó un local que tenía frente a la playa de Puerto López y ahí empezó todo”, señala.

Luego, por la construcción del malecón de ese cantón en 2014, dejó el sitio, pero el Ministerio del Ambiente de Ecuador (MAE) le facilitó un terreno dentro del Parque Nacional Machalilla, en la parte norte de la playa de Puerto López, donde se inició la construcción.

“Muchos de los fondos para cemento y relleno los puse yo, aunque recibí apoyo del hotel Mandala. No es el megacentro, pero como recibimos más animales decidí agrandarlo y por suerte tuvimos manos amigas que nos ayudaron y lo terminamos en 2016”, dice Alemán.

Aclara que el centro es solo para tratamientos de rehabilitación, no realiza labores de rescate y que no se lo puede comparar con un zoológico.

La bióloga Diana Cárdenas, quien fue pasante en el centro, asegura que el conflicto hombre-fauna es grave en el país. “Llegan muchos animales golpeados por pescadores o interacciones de pesca, el 90% de las tortugas llegan con la cabeza o el caparazón fracturados y los casos van en aumento, la situación es complicada”, dice.

Además, sostiene que la labor que realiza la institución se debe replicar. “Los animales llegan en condiciones tan deplorables que uno se pregunta ¿cómo siguen vivos aún?, el hombre está causando mucho daño en el océano, en la naturaleza, a los animales y hay que tratar de cambiar la mentalidad de la gente”, sostiene.

Un total de 164 tortugas marinas de tres especies, más de 400 aves (piqueros patas azules, pelícanos, albatros…) y 10 lobos marinos han sido atendidos en cuatro años, pero no todos sobrevivieron. “Lo que más nos llega son aves y tortugas con afectaciones causadas por el hombre como anzuelos en los esófagos, estómagos llenos de plástico, fundas de basura, redes de pescar, tapas de botellas, etc.”, dice el experto.

También, indica Alemán, sufren golpes de los pescadores, como el caso de tortugas que cuando caen en sus redes son levantadas, golpeadas en el cráneo o en el caparazón y luego soltadas en el mar.

El centro, aunque ha recibido ayuda de ONG como Wildaid, se financia con recursos propios y con autogestión. “Comenzamos a confeccionar camisetas para venderlas a $ 20, tocamos puertas, algunos hoteles nos ayudan con donaciones como el Mandala que nos regaló la máquina de rayos X, pero todavía no tengo una digitalizadora para revelar las radiografías. El artefacto es caro y cuesta $ 20 mil en el país y $ 10 mil en el extranjero. Además, estamos buscando fondos para la máquina que nos permitiría realizar exámenes de sangre”, indica Alemán. (I)

fuente: http://www.eluniverso.com/

Desechos
Ruidos fuertes

Alimentación
Los residuos sólidos como bolsas, espuma y otros desechos vertidos en los océanos desde tierra o desde barcos en el mar acaban siendo con frecuencia confundidos con alimento por mamíferos marinos, peces y aves, lo que genera consecuencias que son mortales.

Contaminación acústica
La presencia de sonidos de gran potencia procedentes de barcos, sonares, instalaciones petrolíferas e incluso terremotos pueden alterar los patrones de migración, caza, reproducción, alimentación, entre otros, de muchos animales marinos, en especial de ballenas y delfines.

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